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Isla Grande: el paraíso existe
Desde el momento que pusimos un pie en el puerto de Isla Grande, sentimos que llegamos a un lugar nunca antes visto y que nunca volveremos a ver. Lo decimos por esa sensación que suele experimentar el viajero, cuando volviendo a un sitio antes visitado, percibe nuevas sensaciones, sentimientos distintos.

Una hora y media en auto desde Río de Janeiro, separa el puerto de la pequeña ciudad de Mangaratiba. Desde allí un barco nos llevó a la isla. El viaje duró poco más de una hora y nos permitió hacer un relevamiento de la topografía. Inicialmente avistamos la costa de “Vila do Abráo” (Pueblo del Abrazo), un punto neurálgico de Isla Grande, donde se concentran la mayor cantidad de embarcaciones. (A esta reserva natural también se puede llegar contratando un servicio similar desde el puerto de Angra Dos Reis, a media hora de Mangaratiba o tomando una lancha rápida –un servicio más costoso- directamente desde Río de Janeiro para estar en la Isla en dos horas.)

Al aproximarnos nos sorprendió la ausencia de un elemento indispensable en los tiempos actuales: no había automóviles. Cuando desembarcamos una legión de amables “carreteros” -sin atosigarnos- se ofrecieron, por unos pocos reales a llevarnos el equipaje hasta la posada. La gente es tan humilde como dócil, acostumbrada al trato con el turista. Las distancias son cortas y se puede recorrer el lugar a pie, disfrutando de los bellos paisajes de la costa o por las pintorescas calles internas. Aunque hay pocos habitantes, a la isla no parece faltarle nada: almacén, locutorio, panadería, restaurantes para todos los gustos, farmacia, locales de ropa, frutería, heladería y hasta una pequeña iglesia. No hay cajeros automáticos ni bancos, pero la mayoría de las tiendas y lugares gastronómicos aceptan tarjetas de crédito.

Isla Grande tiene más de 100 playas para conocer, algunas son más accesibles que otras. A la mayoría se puede llegar contratando algunas de las tantas excursiones en barco que ofrecen en el centro de pueblo. Para los que prefieren conocer Isla Grande caminando, hay distintos circuitos turísticos que permiten observar en detalle las características de lugar y realizar, con más detenimiento, un relevamiento fotográfico. El trazado de los senderos cuenta con una esmerada señalización que agiliza el recorrido y facilita la orientación. Hay circuitos muy simples y accesibles y otros más complicados que necesitan la asistencia de un guía de la zona. El camino atraviesa morros con espesa vegetación y senderos serpenteantes en medio de la selva. Para un mejor aprovechamiento del tiempo es recomendable asesorarse en la oficina de turismo del pueblo antes de iniciar el paseo.

Recorriendo la Isla se pueden ver desde playas de aguas calmas y transparentes como Playa de Pouso o Playa de Feticeira, hasta extensas costas de arena blanca, con olas bravías, como López Méndez o Dos Ríos. Es frecuente que nadando en las aguas cálidas de la isla, nos rodeen vistosos peces de diversos colores y tamaños, o tener a nuestro alcance estrellas de mar y tortugas marinas, sobretodo en la Laguna Azul y la Laguna Verde.

Sin duda, es uno de esos lugares que uno recorre creyendo que está soñando y que recurrentemente le cuesta creer lo que ve. Un lugar ideal para desconectarse de todo, apagar el celular y entregarse a la tranquilidad.

Al dejar Isla Grande la inercia no lleva a caminar hacia la popa del barco para ver por última vez el pueblo y pensar “Yo estuve en el paraíso”.


Texto y Fotos:
Exequiel Sanitz

10 de diciembre de 2009.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Praia Abrao - Playa Abrazo


Laguna Verde - Ideal para ver peces


Playa López Mendez


Las aguas de Laguna Azul


Praia Abrao - Playa Abrazo


Cascada Feticeira


Praia Abrao - Playa Abrazo, el centro neurálgico de la Isla

   
   

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